UNA RIQUEZA PERSONAL

Francisco Jiménez González (IES Salvador Allende – Fuenlabrada)

Aún recuerdo la primera vez que oímos hablar de la posibilidad de un Erasmus en Italia. Fue a las pocas semanas de comenzar el curso, las caras en clase fueron de asombro y entusiasmo, todos éramos conscientes que era una oportunidad única personal y profesionalmente.

Personalmente, la posibilidad de ser uno de los elegidos quedaba muy lejana. Pero llegó el final del curso y la ocasión de presentarme a la entrevista de selección. Estaba un poco nervioso, en especial por los idiomas, algo que no es mi fuerte. Cuatro días después, mi nombre estaba en la lista admitidos, ya no era una quimera, me estaban ofreciendo una ocasión.

El madrugón para coger el vuelo se olvidó al llegar a Roma. Aunque disponíamos de pocas horas para visitarla, tiempo insuficiente por su grandeza, sí pudimos contemplar algunos de sus monumentos y calles más emblemáticas. Pero aun nos quedaba un largo viaje de cuatro horas hacia nuestro destino final, la localidad de Vasto, junto al Adriático. Ese día llegamos muy cansados.

La mañana siguiente nos ofreció un cielo azul, una playa maravillosa y un grupo de personas desconocidas, que a lo largo de las dos siguientes semanas que pasamos juntos se fueron convirtiendo en parte de mi vida.

El primer lunes fue la presentación en la Fundación donde nos dieron a conocer su inmensa labor hacia los demás y el consiguiente reparto en los diferentes departamentos. A mí en concreto me tocó geriatría.

Todo un acierto una vez terminado el Erasmus, ya que ha sido un placer trabajar con personas mayores. Me han enseñado que pese a su edad y los achaques, no han perdido su sentido de lucha, su alegría e incluso su ilusión por seguir aprendiendo.

Desde estas líneas, mi agradecimiento por la enorme paciencia que han tenido con nosotros, pese a la barrera lingüística que nos separaba. Se logró crear un ambiente cálido y especial con todos ellos que era visible cada día con la sonrisa que nos regalaban cada mañana cuando les despertábamos, un molto grazie suave o un abrazo acompañado con un beso. Unos y otros creamos un vínculo donde nosotros terminamos por conocer sus manías y ellos nuestras debilidades.

A los compañeros sanitarios italianos darles mis más sinceras gracias por la oportunidad de ayudarles y las facilidades que nos han puesto para enseñarnos las diferentes técnicas y atender nuestras dudas, siempre desde la simpatía y el humor. Ha sido un placer trabajar con ellos y reconozco su enorme labor.

Otra de las facetas que me ha gustado de este proyecto han sido las variadas actividades educativas y culturales (amenas clases de italiano, visita a Vasto, a la reserva natural, abadía, jornadas interculturales…) que nos evadían de alguna manera, del duro trabajo en la Fundación y a su vez nos permitió conocer de una manera directa la cultura de esta región. No hay que olvidar “el Mamitas”, que tan buenos momentos nos brindó.

En definitiva el balance  final del proyecto ha sido bueno. Creo que ha cumplido con creces los objetivos que pretendía; darnos una oportunidad laboral, ampliar conocimientos, intercambio cultural y para algunos una desconexión familiar, importante para el crecimiento interior. En definitiva como dice el título, una riqueza personal.

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